Cada vez que suspiramos
se nos salen unos cuantos cuartos
por las orejas.
Y cuando damos un salto
nos salpican bien de barro
en los tobillos.
Si lo que hacemos es voltearnos
nos agarran fuerte
por las manos.
Así que cuando nos entra el hipo
imagina cómo estamos,
te cagas,
nerviositos,
asustados,
¡¡¡hipotecados!!!
lunes, 16 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)